El hombre. Me niego a darle tregua al hombre. Un lienzo de 117 x 162 cm será perfecto. Ya tengo el tema elegido; será la muerte. La muerte es universal y a todos nos sobreviene. No se qué sucederá en los próximos años. Quizá en algún futuro incluso logren burlarla. Espero que nadie escuche mis pensamientos o no lograré acabar el cuadro, moriré por hereje. La muerte merecida por todos, la muerte que nos iguala, que solapa nuestras miserias y juzga a todos por el mismo rasero, ricos y pobres.  Un rey, voy a poner un rey en el cuadro. Quiero dejarles claro que ningún poder terrenal está por encima de la muerte, ni siquiera un  rey. Y a la muerte misma recordándole con un reloj de arena que todos tenemos un tiempo, un principio y un fin, y esto es inevitable por mucho que blandamos nuestra espada, por mucho que nos revolvamos en nuestra propia impotencia. Y pondré también campesinos, campesinos al mismo nivel que los reyes, porque no hay diferencia de clases cuando acecha la muerte.

Pienso crear un ambiente tétrico, usaré colores ocres, oscuros, sombríos, lúgubres, opacos. Que no haya luz, que no haya esperanza porque la esperanza no existe en la batalla final y quiero dejarlo bien claro, la muerte siempre les gana, siempre nos gana a todos esa batalla. Pondré esqueletos, cientos de esqueletos y estos serán los que lleven el cuadro a la mente de los que lo observen. Pienso retratarlos como yo los veo, como yo la veo. Siniestros, sin piedad alguna en sus actos, violentos, asesinos, taimados. Los esqueletos serán los que lleven con sus actos la muerte, serán fieles porteadores del final absoluto. Y sembraré el pánico. Quiero ver a  hombres y mujeres agonizando, que sepan lo que les acontece, que abran bien los ojos porque no importa que estemos en el año mil quinientos sesenta y dos o dentro de dos mil años. A todos nos alcanzará.  No importa que el rey español nos gane la batalla o que  las Siete Provincias Unidas seamos independientes. No importa nada. La batalla final, la ganará la muerte.

Pienso formar mi ejército de esqueletos y arrasar todo el cuadro de arriba abajo, de izquierda a derecha. Que en ningún momento la vista del que lo observe encuentre esperanza. Imbatibles los esqueletos, cercando con trampas a humanos que huyen despavoridos sin ninguna salida, cegados de una esperanza inexistente hacia una enorme trampa, un gran ataúd donde les espera lo inevitable. Y no sólo pondré esqueletos humanos, también de animales. Caballos y perros, aquellos fieles amigos del hombre que sin ningún reparo se van a servir de su carne, de la propia carne de sus dueños. Colocaré alguna pareja de enamorados disfrutando con un laúd de sus sueños, ajenos a que también les están acechando a ellos, acompañándolos en siniestro concierto. Los ahorcaré en las cimas de montes, les cazaré con redes mientras agonizan y suplican piedad a los esqueletos impertérritos. Les llegará siniestra fortuna por cielo, por tierra y por mar, hundiré sus barcos, no encontrarán cobijo ni en los huecos de los árboles, ni a los ojos de algún cuervo. Picotas coronadas por ruedas, las mismas que utilizamos para dar sufrimiento. Montañas alumbradas por fuegos, será perfecto. Paisajes dantescos. Engañaré a los que disfrutan de una placentera comida, les atacaré antes de que puedan desenvainar sus espadas mientras observan a mi siniestro ejército cargar sobre ellos, absortos, atónitos, helados, descompuestos. Y tocarán los esqueletos tambores, harán repicar las campanas anunciando su llegada, dejando patente la fugacidad del tiempo. Morirán los humanos a cientos, derribados, desgarrados por largas guadañas empuñadas por magnificas caballerías de osamentas a lomos de muertos caballos. Serán transportados los huesos en carros conducidos por huesos y pondré a una mujer tumbada mirando a la muerte a los ojos mientras ésta, a golpe de campana, le anuncia su momento.

No creo en el optimismo, en el heroísmo del hombre. Son duros momentos. Momentos de peste, de largas batallas y mundos hambrientos. Y así pienso yo, como también pensó  El Bosco, como pensamos cientos.

A Jesús, @janeuropa. Por lo mucho que sabe de cuadros, porque sé que los adora.

El triunfo de la muerte. Pieter Brueghel el Viejo. Óleo sobre tabla de 117x162cm. Año 1562.


NOTA:  Este relato es pura ficción. Una invención del autor sobre lo que pensó Pieter Brueghel el Viejo antes de pintar Triunfo de la muerte, una de sus obras más conocidas.


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