Hacía dos días que había comprado una casa con parcela, lo que él y su mujer siempre habían querido. Era una casa antigua y abandonada durante años, pero Nicolás, cada vez que pasaba por delante de la puerta del jardín, se quedaba mirándola pensando que él quería algo así para cuando se jubilara. Quería cambiar su ruidoso piso de Barcelona por algo más tranquilo. Sin pensarlo dos veces y con mucha ilusión, decidió comprarla. 
Iba en dirección a su casa enseñándole a su mujer un poco la zona. Parecía tranquila, aquella mañana solo se cruzaron con un coche y una furgoneta. Aparcó el coche en la puerta de su nuevo hogar. << Espera aquí, abro la casa y ya vamos sacando cosas del coche >> Le dijo a su mujer mientras él metía la llave en la cancela e intentaba abrir.

-Vaya, está atrancada
-Nico, se ve oxidada ¿No te has traído el aflojatodo?
-Se me ha olvidado, pero no puede ser tan difícil abrir esto…
-Bueno, pues yo mientras me siento en el coche
-Si esto lo abro en un plis…
Unos minutos después y unas cuantas patadas a la puerta
-¡Mira, ya se ha abierto!
-Menudo ruido hace…
Tras forzar la cancela para que se abriese, ésta se descolgó al partirse una bisagra que estaba oxidada.
-Desde luego Nico, que manazas tienes… jaja
-Jaja no pensaba que fuese a partirse pero ya te dije que tendríamos que hacer bastantes reparaciones, piensa que estaba abandonada.
Mientras Blanca empezaba a bajar cosas del coche, Nico habría sin dificultad la puerta de la vivienda. Un hilo de luz que se agrandaba mientras la puerta se iba abriendo, dejaba al descubierto el interior de aquella casa. Nico se dispuso a abrir las ventanas y subir las persianas las cuales costaba trabajo subir después de tantos años sin moverse. Una vez la casa empezaba a ventilarse, salió a ayudar a su mujer a meter cosas en casa.
Mientras llevaba cosas para adentro, las malas hierbas del jardín se metían por el camino que recorría Nico y su mujer.
-Nico, ve mirando donde pisas no te vayas a tropezar con las plantas. Ahora podrías coger y arrancar las del pasillo en un momento mientras yo hago la comida.
-Me parece justo jeje
-Pero qué morro tienes, tú por no cocinar…
-Solo hago lo que tú me has pedido, Blanca.
-Ya ya… bueno pues ponte con el jardín que yo me voy a cambiar y preparo la comida
-A mandar -Afirmó a su mujer mientras le hacía el saludo militar con una sonrisa en la cara
En el jardín

Un sol de justicia caía sobre el jardín, mientras Nico con unos guantes y empapado en sudor estaba quitando malas hierbas que habían crecido sin control durante años de abandono.
<<¡Blanca!>> gritaba a la ventana de la cocina que estaba abierta.
-Dime… ¡Pero si estás como un tomate raft! ¿No tienes una gorra para ponerte? Te va a dar una insolación…
-No, no tengo ninguna aquí. ¿Me das un vaso de agua?
-Claro, toma…
-Que bien huele esa tortilla…
-Toma un cachito anda…
-Mira, mira, mira…
-¿Que, que pasa?
-¿Lo notas? me pasa como a Popeye con este pincho de tortilla ya me da fuerzas para terminar -enseñando el bíceps
-Jaja Pero que tonto eres cuando quieres…
Nico continuaba agachado quitando hierbas. Levantó un poco la vista y vio un trozo de tierra removida que le llamó la atención, se acercó a la zona y la pisó. Las zapatillas que llevaba se le hundían en aquella tierra. Estaba esponjosa, como si no hubiera dado tiempo a compactarse, Nico decidió ir a por una pala y escavar. Cuando llevaba un metro escavado, su pala chocó con algo que parecía estar hueco. Apartó la tierra de toda la superficie de aquella caja que había encontrado. Dentro parecía haber algo, ya que se escuchaban resoplidos.
Al abrir la caja, encontró un hombre amordazado y atado que lo miraba a los ojos mientras se le escurría una lágrima.
-¿Pero qué haces aquí? -preguntaba Nico mientras lo desataba
-Resulta que soy mago y se me ha torcido el truco
-¿Me quieres decir que hacías ahí?
Una semana antes
Nada más despertarse encendió el ordenador. Mientras se iniciaba hacía el desayuno; Zumo de naranja y tostadas. Se llevó el desayuno a la mesa mientras ojeaba la prensa online y el correo.
     1 mensaje nuevo de German Martínez.
     Marc, he encontrado una historia que quizás pueda interesarte, son de unos           archivos clasificados que he encontrado en el despacho de mi padre. Si quieres podemos investigar y con lo que saquemos vamos a pachas, te los adjunto y los miras. Ya me contarás
     Un saludo            
     Descargar adjunto.
German y Marc se conocían desde críos, eran amigos inseparables hasta que finalizaron los estudios obligatorios. Marc decidió estudiar periodismo y German se puso a trabajar. Pese a no haber perdido nunca el contacto y quedar de vez en cuando, el trabajo de periodista le obligaba a ir de aquí para allá a investigar noticias que le llegaban a su redacción. Eso había hecho que Marc fuera un periodista de conocido prestigio, mientras German pasaba los días gastándose lo poco que ganaba en vicios.
Terminó el zumo y salió de su casa camino a la redacción. Mientras iba caminando por la calle le sonó el teléfono móvil.
-¿Si?
-Hola Marc ¿que no me pensabas llamar?
-Hola Sandra, pues la verdad es que ando liado, pero si te apetece, mañana podemos quedar para cenar ¿20:30, te viene bien?
-¡Genial! Me pondré guapa
-No esperaba menos. Hasta mañana
-Un beso

En el lado oscuro

German iba liándose un porro camino al bar en el que siempre desayunaba.
<¡Qué pasa parroquianos!> Saludaba a los habituales mientras estos hacían un gesto con la cabeza en señal de saludo y continuaban hablando de futbol.
-Menuda mierda el partido de ayer, que forma de tirar la liga…para jugar así de mal, también me puedo poner yo
-Juan, no digas tonterías, si tu jugases en primera división ya te habrían echado por dopaje y por malo.
(Risas en el bar)
-Rai, carajillo y tostadas. Me avisas, que voy al vicio… -German salía a fumar
-¡Marchando!
Estaba dando caladas en la puerta mientras miraba a las chicas al pasar
-¡Cómo viene el verano! -Decía al interior del bar
-¡Entra p’adentro que te vas a quedar ciego! -Le contestaban desde el interior
-Sí, pasa ya, que como tardes más, Juan se bebe tu carajillo. -Le decía Raimundo entre risas
German dio una larga calada al porro y lo tiró a la jardinera que había junto la puerta.
Entró al local y desayunó dando la espalda a los demás que seguían hablando de futbol.
-¿Qué, mucho trabajo?
– Poca cosa, Rai.
-Dímelo a mí, últimamente solo entráis vosotros.
-¿Y te parece poco? Tienes los mejores clientes que puede tener un bar. Toma, cóbrate
Una vez fuera del bar, cogió su teléfono y llamó a Marc.
-¿Si?
-Hola, soy la policía – cambiando su voz
-Dime German, qué quieres.
-¿Cómo sabes que soy yo?
-Pues porque me sale tu nombre en la agenda, capullo.
-Vaya, oye, ¿leíste eso?
-Tío, tú padre es del CNI, y no sé hasta qué punto podría investigarlo y publicarlo sin que se considere delito. Creo que lo mejor será pasar del asunto.
-¿Qué me quieres decir, que no lo vas a mirar?
-Lo siento.
Colgó el teléfono y caminó hasta su casa. Una vez allí, se puso a mirar los documentos que cogió a su padre.
En la otra cara de la moneda

Marc estaba terminando de redactar un artículo antes de vestirse para ir a recoger a Sandra. Camisa negra, pantalón vaquero oscuro, zapatos negros y un poco de gomina. Terminaba de rematarse con un poco de colonia que se echaba sólo en ocasiones especiales.
Cogió las llaves de su coche y salió de casa rumbo a casa de Sandra. Mientras conducía iba escuchando “The Unforgiven” de Metallica en la radio. Un sonido proveniente del teléfono móvil hacía saber a Marc que había recibido un whatsapp. Miró el teléfono que  llevaba en un soporte que iba enganchado al salpicadero al lado derecho del volante:
German
Marc, esta noche voy a pasarme por el
lugar que pone en los documentos.   20:15
                                                                         Ger, voy conduciendo, olvida el tema, te                  
                                                                         meterás en problemas. 20:18
Menudo periodista de mierda. 20:20
                                                                         Espero que sepas donde te vas a meter. 20:22
Nada más llegar a la casa, realizó una llamada mientras Sandra salía de casa.
-Hola, Marc ¿con quién hablabas? – saludaba Sandra mientras le daba un beso
-Nada, cosas del trabajo. ¿Vamos?
-Desde luego, anda que me dices si voy guapa o no…
Marc se quedó mirando de abajo a arriba cómo iba vestida; Tacones negros, medias un tono más oscuras que el color de su piel, un vestido corto color gris con unas formas color negro que dejaba la espalda al aire. Seguía subiendo la mirada, una melena ondulada color castaño, unos labios rosados que llevaban una sonrisa y unos ojos que acompañaban a dicha acción.
-Buf.
-¿Buf? ¿Sólo se te ocurre eso?
-Chica, me dejas sin palabras, estás genial.
-Eso me gusta más. – Decía con tono burlón mientras sonreía y le sacaba la lengua
Marc y Sandra se conocieron en la facultad. Desde el primer momento a ella le gustó él, Marc era un tipo bastante tímido y serio. Todo lo contrario de ella, que se pasaba el día haciendo payasadas y siempre con una sonrisa en la cara.
-¿Te pasa algo? – Preguntaba Sandra
-No ¿por qué?
-Te noto más serio que de costumbre, como que hay algo a lo que le das vueltas
-Nada –Dijo de forma rotunda
Poco más hablaron mientras iban en coche. Al entrar en el restaurante, había un camarero que preguntaba con una sonrisa
-Buenas noches señores ¿tienen reserva?
-Sí, tenemos una reserva a nombre de Marc Garrido
El camarero miró en el ordenador
-Si tienen el placer de acompañarme por aquí
Marc y Sandra caminaron tras el camarero hasta llegar a su mesa.
-Ésta es su mesa, ahora les traemos la carta a los señores.
-Gracias –Respondieron
-A ustedes
El camarero se marchaba y Sandra comenzó la conversación.
-¿Qué te pasa? Estás muy serio
-No me pasa nada ¿tiene que pasarme algo?
-No sé, últimamente estás muy raro. No me llamas, me hablas lo justo y para colmo ayer ni te acordaste de nuestro aniversario.
-¿Fue ayer?
-Sí, ya veo que ni te acuerdas. No sé, no me gusta verte así, estás distante conmigo…
-Tengo mucho trabajo, y supongo que será estrés.
-¿y lo tienes que pagar conmigo?
Venía el camarero con la carta y paró la conversación.
-Señores, les dejo por aquí la carta. ¿Qué les voy poniendo de beber?
-Una botella de agua para los dos
-Ahora mismo la traigo.
El camarero volvía a irse, y ellos miraban la carta para ver qué pedir.
-Tiene todo muy buena pinta – Decía ella
-Sí, yo creo que pediré el solomillo con setas
-Bien, como me darás un poco del tuyo, yo pediré el bacalao con alioli
-¿saben ya qué van a pedir? –Preguntaba el camarero
-Sí, para mí el solomillo con setas, y para ella el bacalao con alioli
-Perfecto, muchas gracias
-A usted

En el lado oscuro

German iba en su coche buscando la dirección que reflejaban los papeles de su padre.
Calada al porro < ¡Joder! Aquí solo hay casas abandonadas y para colmo no se ve una mierda> Decía mientras golpeaba el volante del coche.
Bajó del coche y saltó la valla entrando al jardín de una de esas casas abandonadas. Miró por la ventana y todo estaba oscuro, saltó la valla que delimitaba una casa con otra y volvía a mirar.  Nada, oscuro. Al ir a saltar a otra de las casas escuchó como una puerta se abría.
-Estad atentos, si veis algo no dudéis en comunicarlo por radio.
-Sí, señor.
Salían tres hombres. El que parecía ser el jefe era alto, sobre 190 de altura, complexión fuerte, piel morena, calvo, traje negro. Los otros dos eran más parecidos. Piel blanca, un poco más bajos que su jefe, rubios, complexión atlética,  con acento de país del este y con una pistola en las manos.
De una de las orejas de cada uno de ellos salía un pequeño auricular que se metía por el cuello de la camisa.
El jefe quedo frente la puerta mientras los otros caminaron dirección opuesta a la de German, para vigilar los alrededores de la casa. Saltó la valla y se coló por una de las ventanas.
Parecía que ése era el lugar del cual hablaban los documentos. Según éstos, dentro de esa casa debería de haber una élite de personas de reconocido prestigio. Reunidos para hablar diversos temas, en especial de la implantación de chips para poder controlar a las personas. Saber sus movimientos, sus datos personales, datos bancarios, historial clínico, etc. Tendrían a la gente engañada, sumisa y controlada 24h del día, los 365 días.
En el bar

Marc y Sandra tomaban el postre cuando éste recibía una llamada
-¿German?
-Tío, necesito tu ayuda.
-¿Qué te pasa?
-Estoy en el lugar, y los informes estaban en lo cierto. Han salido 3 hombres y dos de ellos con una pistola. No descarto que el otro también tenga una guardada
-Te dije que no fueras allí.
-Déjate de sermones y ayúdame, me están buscando.
-¿Dónde estás?
-He conseguido esconderme en una casa abandonada colindante.
-No te muevas, en un rato llego.
Marc colgó el teléfono y tras realizar otra llamada, salió del restaurante con su chica
-¿Quién era? –preguntaba Sandra
-Nada, cosas del trabajo. Te dejo en casa que tengo que ir a la redacción.
-Haz lo que quieras. –Dijo con aire cabreado
Tras parar en casa de Sandra, acercó su boca a la de ella para darle un beso de despedida, pero ella giró la cara y el beso lo recibió en la mejilla. Salió del coche y entró en casa.
Tras dejarla, condujo dirección hacia donde estaba German. Una vez llegó, cogió de la guantera una tarjeta y una pistola. Salió del coche y saltó al jardín donde estaba escondido.
-¡German! –susurraba
-¡Soltadme hijos de puta!
Marc se acercó de prisa y, justo al girar la esquina de la casa, estaban los tres hombres. Uno de ellos aguantaba por la espalda a German, y los otros dos le apuntaban con las pistolas.
-Soltadlo, yo me encargo –Decía mientras se acercaba y enseñaba una tarjeta que sacaba del pantalón.
-¿Pero qué cojones…? –Se preguntaba German
-Tú, a callar
Soltaron a German, mientras éste se iba dirección a Marc para que le explicara qué pasaba
-¿De qué coño va todo esto tío?
-Te he dicho que cierres la puta boca ¡imbécil! –Gritaba mientras sacaba de la parte de atrás de su pantalón una pistola
German se quedaba callado mientras su amigo le encañonaba con la pistola.
-Te dije que pasaras del tema. Que te podrías meter en líos, pero no, el maldito idiota tiene que meter su nariz en todos los sitios.
-¿Tú también estás metido en esto?
-Sigues haciendo demasiadas preguntas –Golpeó la pierna de German con una patada lateral que hizo que este perdiera el equilibrio y cayera al suelo.
-Maldito hijo de puta, y pensar que te consideraba mi amigo…
-Y lo soy, por eso antes de venir realicé una llamada para hacerte un funeral digno.
Una furgoneta parecía acercarse. Marc apuntaba a German con su pistola mientras le obligaba a levantarse y caminar hacia la puerta principal del jardín.
Una vez allí, aparecieron 2 hombres con una pala en mano que saltaron la valla ya que la puerta del jardín estaba cerrada, entraron y se pusieron a cavar sin decir nada en un lateral del jardín.
-¿Me piensas enterrar vivo?
-Eres más listo de lo que pensaba. De haberlo sido hace unas horas y no haber venido, no tendría que enterrarte.
Estaba amaneciendo, mientras los dos hombres seguían cavando. Una vez terminaron de hacer el agujero, fueron hacia la furgoneta y volvieron con una caja de madera y unas cuerdas con las que amordazaron a German. Lo obligaron a meterse en la caja a punta de pistola. Cerraron la tapa y lo lanzaron al agujero. Los rayos del sol ya empezaban a calentar aquel jardín.
German desde dentro de la caja podía escuchar como el que hasta ahora había sido su amigo decía <Enterradlo rápido y vayámonos> Y unos segundos después, la tierra comenzaba a golpear la caja. German desde dentro intentaba desatarse sin fortuna.
Volviendo al presente
German llevaba unas horas en casa de Nico y su mujer mientras les explicaba toda la historia.
-¿Me quieres decir que en la casa de al lado se hacen conspiraciones? –Preguntaba Nico mientras se asomaba por la ventana
-Sí, supongo que no estáis muy seguros en esta casa.
Mientras seguían hablando sobre el tema, ninguno se percató de que un coche aparcaba en la puerta. Entraron dos hombres que se quedaron mirando el rectángulo ahora destapado donde había estado enterrado German.
Blanca y Nico echaron sus cabezas hacia atrás y abrieron los ojos al ver a los dos hombres armados en su salón.
-Sabes, esto es algo que me dolerá toda mi vida. Pero no puedo permitir que desveles el secreto de la organización.
-¿Papá? –respondía German al escuchar esa voz.
Antes de poder darse la vuelta, su padre había apretado varias veces el gatillo de aquella pistola haciendo golpear la cabeza de German sobre la mesa y dejando un charco de sangre en el suelo. El hombre que lo acompañaba hacía lo mismo disparando a Nico que caía junto con la silla de espaldas formando un charco de sangre en su camisa y en el suelo. Y a su mujer, que caía hacia el lado izquierdo de la silla esparciendo sangre tras recibir el disparo en la cabeza.

Los dos hombres salían de casa mientras en el interior quedaba una escena aterradora.


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Escrito por José Francisco Cortés para este blog. Gracias.

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